Primeras ideas de la evolucion

Los conceptos evolutivos aparecieron por primera vez en los primeros escritos griegos, por ejemplo, en la obra de Anaximandro y Empédocles. Anaximandro propuso que los animales podían transformarse de una clase a otra, y Empédocles especuló que podían estar formados por diversas combinaciones de partes preexistentes. Sin embargo, durante unos quince siglos se impidió que las teorías evolutivas se desarrollaran y desafiaran la creencia de la creación especial, debido a la influencia restrictiva de la Iglesia.

El crecimiento de la observación y la experimentación científicas hizo que empezaran a surgir algunas teorías de la evolución a partir de mediados del siglo XVI. A pesar de que la idea del progreso humano fue central en la Ilustración del siglo XVIII, no condujo a la teoría de la evolución. Pierre-Louis Moreau de Maupertuis propuso la generación y extinción espontáneas de los organismos como parte de su teoría de los orígenes. Sin embargo, no propuso ninguna teoría de la evolución.

A principios del siglo XIX, el naturalista francés Jean-Baptiste Lamarck presentó una teoría evolutiva claramente establecida. Esta teoría, conocida más tarde como «La herencia de los caracteres adquiridos», fue ridiculizada en su momento y refutada por completo en el siglo XX, aunque contribuyó a la aceptación gradual de la evolución biológica y estimuló estudios posteriores. Uno de los mejores ejemplos que tienen los científicos sobre la selección natural es la evolución de las ballenas.

Utilizando la teoría de Darwin como guía, y entendiendo cómo funciona la selección natural, los biólogos determinaron que la transición de las primeras ballenas de la tierra al agua se produjo en una serie de pasos predecibles. Aunque los científicos pudieron predecir el aspecto de las primeras ballenas, durante mucho tiempo carecieron de pruebas fósiles que respaldaran su afirmación. Los creacionistas consideraron esta ausencia, no sólo en lo que respecta a la evolución de las ballenas, sino en general, como una prueba de que la evolución no se produjo, tal y como señalaba un artículo de Scientific American.

Las ideas del libro iban totalmente en contra de las opiniones religiosas de la época, pues decían que el sistema solar se había formado de forma natural a partir de una nebulosa y que la vida se había generado espontáneamente en la Tierra. Las formas de vida inferiores habían evolucionado hasta convertirse en formas superiores, incluido el hombre. Sin embargo, Chambers no ofrecía un mecanismo viable para la evolución.

Las discusiones en torno al libro pueden haber aumentado la reticencia de Darwin a publicar su propia teoría de la evolución por selección natural, que ya había formulado de forma aproximada en 1839. Por otra parte, como Darwin reconoció más tarde, el libro también preparó la mente de algunas personas para las ideas que expresó en su Origen de las Especies. El 1 de julio de 1858 se leyó una ponencia conjunta en la Linnean Society.

Los autores eran Charles Darwin y Alfred Russel Wallace. La ponencia daba a conocer al mundo su teoría, que pasó a conocerse como evolución por selección natural. Históricamente, la Gran Cadena del Ser se interpretaba de dos maneras diferentes: como una cadena estática preexistente de vida orgánica o como una escalera de ascenso que se despliega.

El esquema estático no dejaba lugar a la evolución ni al desarrollo. Era el esquema antiguo, que se asocia con la fijeza de las especies. En el siglo XVIII la fijeza de las especies dio paso a su variabilidad.

Al acumularse nuevas pruebas de la transmutación de las especies, surgió la necesidad de una nueva visión modificada. Había que temporalizar la Gran Cadena del Ser, como afirmó claramente el filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz 1646-1716: Además, nos damos cuenta de que hay un progreso perpetuo y muy libre de todo el universo hacia una consumación de la belleza y perfección universales de las obras de Dios, de modo que siempre avanza hacia un mayor desarrollo[6] Los naturalistas, como Lamarck, transformaron la cadena del ser en una escalera de ascenso, pero conservó algunos de sus rasgos esenciales. Creían que el universo evoluciona hacia la perfección; su progreso tiene un propósito y sigue un plan divino; y la cadena ya no es estática, sino que sigue creciendo y esforzándose hacia una meta, como afirmaba Lamarck[7] El diseño intencionado coloca a cada especie en su respectivo peldaño de la escalera, lo que proporciona el patrón general.

Con la aparición del darwinismo, tanto la finalidad como la perfección acabaron por desaparecer. Lamarck hizo de la evolución progresiva un pilar central de su teoría; pensaba que la evolución de la Escala de la Existencia seguía algún objetivo preestablecido fig. 4.

El telos, o el objetivo, es producir seres humanos. La naturaleza evoluciona de los organismos más simples a los más complejos con el fin de dar a luz al ser más perfecto de todos: el Homo sapiens. Siguiendo este planteamiento, Lamarck elaboró una forma de temporalizar la Gran Cadena del Ser. Al hacerlo, abandonó la idea de la fijeza de las especies y la teoría de las creaciones especiales.

La inmutabilidad de las especies había sido un elemento central de muchos esquemas naturalistas de la época, pero según Lamarck, las especies evolucionan. Incluso propuso un mecanicismo